Todavía es necesario marcar la diferencia

En un artículo escrito por la profesora Catherine Larrère que forma parte de la excepcional Enciclopedia histórica y política de las mujeres (publicada por AKAL en 2010) [1] se puede leer la siguiente reflexión:

“conforme a la cual [estructura gramatical del lenguaje] el masculino designa a la vez la especie entera y los individuos varones de esa especie. Es posible, por lo tanto, nombrar al mismo tiempo lo humano y lo masculino, mientras que, para tener estatus en el discurso, lo femenino precisa de una especificación: es necesario explicar la diferencia” (p.165).

Me doy cuenta de cuánta verdad esconde esa frase todavía hoy en día.

Reflexionaba el otro día acerca de la enseñanza en igualdad. En principio, parece que todos (o la mayor parte de nosotros) estamos de acuerdo en que excluir a una mujer de la universalidad en razón de su sexo es una tontería que no tiene cabida en pleno siglo XXI. Pero pensemos en cómo nos enseñan en las aulas. Si, por ejemplo, repasamos los exámenes de selectividad de años anteriores podríamos pensar que claramente no ha habido ni una mujer filósofa en la historia de la Humanidad. Se enseña el pensamiento de Aristóteles, Kant, Descartes, Rousseau, Montesquieu, Nietzsche… ni un rastro de pensamiento femenino o de pensamiento en favor de las mujeres. Se intenta educar en la igualdad y en la no violencia a las mujeres; se evitan los lenguajes sexistas en las aulas o en los libros de texto (¡faltaría más!), sin embargo, la voz de ninguna mujer parece constituir material obligatorio para superar la prueba que da acceso a los estudios superiores.

Por eso decía que, aun siendo triste, todavía parece necesario marcar la diferencia para intentar ser incluidas en la universalidad.

Voy a tomar el ejemplo de la Ilustración. Destaco cuatro figuras de este periodo que son sistemáticamente obviadas en los programas de educación y que fueron parte central en el debate sobre la condición del ciudadano y sus derechos en la misma medida que muchos otros que son estudiados con devoción: Poullain de la Barre, Olympe de Gouges, Condorcet y Mary Wollstonecraft.

Retrato dela marqués de Condorcet

Poullain de la Barre es mucho anterior al clima pre-revolucionario en el que escribieron sus otros tres colegas, pues nace en 1649, sin embargo, sienta las bases para lo que vino después. En los años setenta del siglo XVII escribe De la igualdad de los sexos, obra en la que expone un argumento que un siglo después sería defendido por muchos otros: el origen de la diferencia entre hombres y mujeres no hay que buscarlo en la naturaleza, sino en la costumbre. Determina así, que, como se ha repetido en las distintas olas del feminismo en los siglos posteriores, la inferioridad de la mujer es un constructo social.

Con de Gouges, Condorcet y Wollstonecraft nos metemos de lleno en los debates en torno al ciudadano, el individuo, el Estado y la libertad.

No voy a entrar en un debate sobre la filosofía de la revolución, pero sí voy a destacar una frase de Condorcet, que como girondino, participó en la caída del Antiguo Régimen: “O bien ningún individuo de la especie humana tiene verdaderos derechos, o todos tienen los mismos”[2].

La opinión de Condorcet es la que podríamos compartir más o menos todos en pleno siglo XXI, pero por aquel entonces tenía trampa. Parte del pensamiento filosófico de la Ilustración consideraba que la mujer no pertenecía a la especie humana, llegándose a referir a ellas como “el ser de la naturaleza más parecido al hombre” [3].

Entre tan ofensiva postura y la de Condorcet hay gran cantidad de matices entre los cuales situaría, por ejemplo, los de los citados Montesquieu y Rousseau. Para el primero, la situación más o menos oprimida de la mujer depende del régimen político (monarquía, república, dictadura…) en la que ésta desarrolle su existencia. Para el caso del pensamiento rousseniano, no afirmando que la mujer no pertenece a la especie humana, sí da por válido que la naturaleza las ha hecho débiles y que por eso quedan excluidas del gobierno de lo público. Para ellas queda lo doméstico, lo privado. Como sólo aquellos que participan de lo público pueden ser ciudadanos, las mujeres no son ciudadanas y por lo tanto no pueden beneficiarse de ninguno de los derechos de la nueva revolución.

La postura mayoritaria y la que terminó imponiéndose es tristemente ésta y no la de Condorcet. Y precisamente por ello, se vio favorecido un debate público que ya venía de largo. La Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano se vio contestada por la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana, publicada por Olympe de Gouges en 1791. De Gouges no sólo publicó escritos de corte feminista, era una activa defensora de la causa girondina, que se opuso públicamente al corte dictatorial que estaba tomando el gobierno de la nueva república bajo el mando de Robespierre. Por defender esta causa fue guillotinada junto a otros compañeros girondinos.

Retrato de Olympe de Gouges. Atribuido a Alexandre Kucharski

Mary Wollstonecraft, por su parte, emprendió una crítica abierta a las posturas de Rousseau. Si la mujer era débil y no apta para el gobierno de lo público no era debido a una inferioridad que provenía de la naturaleza, sino que se debía a que las mujeres no tenían acceso a una educación como la de los hombres. Además, hace hincapié en que la mujer, como el hombre, conseguirá su independencia por medio del cultivo de la razón.

Su obra Vindicación de los derechos de la mujer se reeditó varias veces, sin embargo, su éxito no introdujo ningún cambio en la vida de las mujeres.

El hecho de que los que llamamos los grandes pensadores de la Ilustración dedicasen tantísimas páginas, ensayos, libros, discursos…a la condición jurídica que debía tener la mujer ante el nuevo sistema que se perfilaba quiere decir que el debate era tan caliente como otros que sí nos han hecho estudiar a lo largo de nuestra vida académica.

¿Por qué pasar por encima de él en las aulas? Recuerdo que cuando yo estudié la Revolución Francesa se habló (no podía ser de otra manera) de la exclusión de las mujeres del derecho a la ciudadanía, pero ni se mencionó el interesante debate que suscitó este hecho entre los y las referentes culturales del momento.

Nadie me contó que existieron mujeres como Wollstonecraft o de Gouges; tuve que interesarme específicamente por la lucha de las mujeres en la Historia para conocer esos y otros nombres. Y no debería ser así. Deberían formar parte de los conocimientos básicos adquiridos antes de emprender una carrera universitaria.

Lecturas interesantes

Celia Amorós pone de manifiesto en la presentación del libro La Ilustración olvidada. La polémica de los sexos en el siglo XVIII el abandono sistemático al trabajo de las mujeres y a sus intentos de emancipación, provocando que el trabajo y el pensamiento de las mujeres aparezca -dice- como “esporádico, errante, huérfano de cualquier tradición propia”. El libro, publicado por la editorial Anthropos en 1993 y reeditado en 2011, recoge algunos textos que se publicaron en medio del debate sobre la situación de la mujer. Es perfecto para ahondar un poco en el tema que he intentado introducir en este post.

La Enciclopedia histórica y política de las mujeres siempre me ha parecido un manual muy útil para explorar la participación concreta en distintos acontecimientos históricos. En general, las mujeres participaron de forma activa en muchas de las revoluciones que se han dado a lo largo de la Historia y, en la mayor parte de las ocasiones, fueron las grandes olvidadas de sus colegas masculinos una vez conseguidas las reinvindicaciones concretas de cada periodo. Así, hay capítulos dedicados a la Fronda francesa, a la revolución norteamericana o a la construcción de una sociedad igualitaria en el siglo XX y desde los organismos internacionales.

Cualquier lectura de Celia Amorós o Amelia Valcárcel es genial para adentrarse en el debate actual del feminismo. ¿Cómo están las cosas? ¿De dónde vienen?

Bibliografía

[1] Larrère, C. (2010): ‘¿Sexo o rango? La condición de las mujeres en la filosofía de la Ilustración’ en Enciclopedia histórica y política de las mujeres. pp.161-191. AKAL, Madrid.

[2] citado en Valcarcel, A. (2018): Feminismo en el mundo global. p.65. CATEDRA, Madrid.

[3] citado en Larrère, C. (2010): ‘¿Sexo o rango? La condición de las mujeres en la filosofía de la Ilustración’ en Enciclopedia histórica y política de las mujeres. pp.180. AKAL, Madrid.

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