Poullain de la Barre. El hombre que defendió a las mujeres en el siglo XVII.

La obra de Poullain de la Barre es considerada por el feminismo como un punto de inflexión en la lucha por los derechos de las mujeres. Con De la educación de las damas se empieza a perfilar una base teórica que será decisiva para los movimientos feministas de los siglos posteriores. 

  • Poullain de la Barre fue un filosofo cartesiano
  • De la educación de las damas sienta un precedente en la historia del feminismo

El de Poullain de la Barre es uno de esos extraños casos que nos ha regalado la Historia y al que no prestamos la atención que se merece.

De la educación de las damas, Poullain de la Barre. Publicado por CÁTEDRA

Escritor, filósofo y teólogo -comenzó al carrera eclesiástica desde muy pequeño-, en pleno siglo XVII, hace un soberbio alegato en favor de las mujeres que sienta un claro precedente en la historia del feminismo que empezaría a esbozarse a finales del siglo siguiente.

Sus tres obras en defensa de la educación de las mujeres no debieron dejar indiferente a ninguno de sus contemporáneos. El debate sobre si la mujer era capaz o no de razonar en las mismas condiciones que el hombre venía desde largo. Por ejemplo, la escritora Christine de Pizan se vio obligada a finales del siglo XIV y principios del XV, a defender a las mujeres ante los burdos ataques que ilustres personajes medievales lanzaban contra la mitad del género humano. No sólo como forma de desmentir a la sociedad misógina de su época sino para defenderse también de los ataques que libros como El libro de la rosa venían haciendo sobre las mujeres, Pizan ofrece una larga lista de mujeres que mostraron ser igual o más capaces que los hombres a lo largo de la Historia.

Como decía, el hecho de que un hombre levantase su voz para defender a las mujeres debió de resultar todo un acontecimiento en la segunda mitad del siglo XVII. De hecho, en su obra más famosa, De la educación de las damas (CÁTEDRA; 2018), el propio Poullain nos deja escrito en boca de su Estasímaco (personaje con el que sin duda podemos identificar al escritor) que “se ha criticado (…) que haya tomado partido demasiado abiertamente en el tema de las mujeres” (p.71). Aunque se venía discutiendo desde hacía tiempo el “tema de las mujeres”, por aquel entonces empezaban a ponerse de moda los salones literarios regentados por mujeres. Mujeres de la alta sociedad, cultas, instruidas, algunas independientes económicamente y con influencia en las más altas esferas de la corte que debatían abiertamente sobre cuestiones tales como política, religión, matrimonio, acceso a la educación de las niñas, defensa de la lengua francesa frente a las lenguas clásicas… En fin, sobre multitud de temas que conseguían reunir a lo mejor de la cultura bajo sus techos. A alguna de estas reuniones debió de asistir el hombre que nos ocupa. Su obra se articula, como tantas otras contemporáneas, en torno a una reunión de amigos (hombres y mujeres) que se unen para “la conversación”; cenan y debaten; aprenden unos de otros. Y es una reunión que se celebra en casa de Sofía. Con ella, Poulain nos presenta a la salonnière. Recibe en su casa y debate, en este caso con libros en la mano, sobre cualquier tema de actualidad.

Sin duda, Poullain de la Barre aplicó el método cartesiano, del que era discípulo, a su vida. Estudió en la Sorbona y cuando se preparaba para doctorarse abandonó los estudios. Había entrado en contacto con las nuevas ideas que corrían por esos salones de París. Se dio de bruces con el preciosismo, el calvinismo (él era sacerdote católico), con las ideas cartesianas… Y empezó a poner en duda todo lo que había aprendido hasta entonces. Parece que este giro le valió el rechazo de su familia.

Se tuvo que exiliar a Suiza, donde vivió hasta el final de sus días. Se dedicó a la enseñanza.


De la educación de las damas

De la educación de las damas es un libro especial en el que, sirviéndose de las ideas cartesianas de mente y cuerpo, el filósofo articula un relato en favor de las mujeres que es difícilmente discutible. A él se atribuye la frase de “la mente no tiene sexo” y si la mente, es decir, la capacidad de raciocinio, no tiene sexo, entonces, ¿por qué negar a las mujeres el placer del estudio, del camino para llegar a la verdad?

Su libro gira en torno a esta idea. A través de cinco capítulos que constituyen cinco conversaciones entre los cuatro amigos, Poullain de la Barre nos va desgranando todos los motivos por los que no tiene sentido negar la educación a la mujer.

Nos presenta a Estasímaco, Sofía, Timandro y Eulalia. A través de las intervenciones del primero adivinamos la postura del escritor; Sofía es presentada como el prototipo de mujer inteligente e instruida; Timandro no parece del todo convencido de que todas las mujeres estén preparadas para acceder a la verdad; y Eulalia, que sólo sabe lo que su madre le ha enseñado, quiere aprender.

Con este contexto de fondo, Poullain de la Barre despliega sus razonamientos filosóficos para argumentar su ferviente defensa de la educación de las mujeres.

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