María de Guisa: mujeres sometidas al linaje

María de Guisa, madre de la más famosa de las reinas escocesas, es un claro ejemplo de cómo las mujeres de la nobleza y la realeza quedaban sometidas al linaje. Su padre fundó la Casa Guisa, y colocó a sus hijos en puestos notables del reino para ir ganando influencia. Su hija María terminó, contra todo pronóstico, convirtiéndose en uno de los activos más rentables de la familia.

La de la Reina María I de Escocia es una de esas historias que cautivan por trágica, aventurera e intrigante. Existen multitud de obras y estudios sobre su vida y reinado, y, sin embargo, cuanto más se lee sobre ella, más parece que no se sabe nada de su vida. Todo lo que la rodea es misterio, a pesar de los muchos datos y documentos manuscritos que han llegado hasta nosotros.

Mary of Guise.
Retrato atribuido a Corneille de Lyon.
Scottish National Portrait Gallery

Nació en diciembre de 1542, exactamente seis días antes de que su padre, el rey Jacobo V de Escocia, muriera sin un descendiente varón legítimo. Sí había tenido un niño con lady Margaret Erskine, su amante favorita, pero por razones obvias, éste no podía entrar en la línea de sucesión al trono escocés.

Así, con tan sólo seis días de vida, María se convirtió en reina de Escocia. Su madre, María de Guisa, asumió la regencia hasta que su hija tuvo la edad suficiente para gobernar. Se suceden a partir de aquí y durante décadas una serie de tejemanejes políticos que marcarían la vida de la futura reina de Escocia.

Aunque la de María de Escocia es una historia fascinante, lo que quiero es detenerme en la figura de su madre, pues es un interesante ejemplo de cómo la mujer noble y de la realeza está sometida al linaje al que pertenece, primero por nacimiento y después por matrimonio.

María de Guisa

María, la madre, formaba parte de la poderosa familia Guisa. Era la hija mayor de Claudio de Lorena, el primer duque de Guisa, y por lo tanto hermana de Francisco de Guisa, importante figura militar y política durante el reinado de Enrique II de Francia, y del cardenal de Lorena.

En 1534, a la edad de 18 años María de Guisa se casa con Luis II de Orleans, duque de Longueville, siendo duquesa de Longueville hasta la muerte de su marido tres años después de la boda. De este matrimonio nacieron dos hijos. El último de los cuales, Luis, murió a los cuatro meses de nacer.

En Historia de las mujeres. Una historia propia, las profesoras Anderson y Zinsser escriben que “una familia emprendedora” puede beneficiarse mucho del matrimonio de una hija [1]. Y los Guisa no sólo eran emprendedores, sino que contaban con el apoyo (por interés) del rey de Francia.

Así, viuda a los 21 años, María volvía a ser un activo en manos de su familia, que seguía tejiendo sus influencias en la corte francesa, y del rey de Francia Francisco I que, asegurando para ella una copiosa dote ( a la que se añadió parte de la de su anterior matrimonio), aceptó que María se casase con el joven y recién enviudado rey de Escocia Jacobo V.

Jacobo V ya había estado casado con una noble francesa, Magdalena de Valois, hija del propio rey Francisco I. Esta obsesión del rey de Escocia por conseguir de nuevo una esposa francesa no respondía a otra cosa que a la necesidad de aislar a Inglaterra y de fortalecerse, pues el protestantismo llegó a Escocia con bastante fuerza. Tener en Francia a un aliado era de vital importancia para el monarca escocés.

Francisco I renovaba así la alianza franco-escocesa contra Inglaterra que había fracasado al morir su hija. Por su parte, para los Guisa el matrimonio de María suponía un auténtico honor, pues sería reina y sus intereses podrían ir más allá de la corte francesa.

En general, este matrimonio reviste gran importancia para la Europa de la época. El siglo XVI es el siglo de la Reforma y la Contrarreforma; el siglo en el que la hegemonía del Papa como cabeza de los católicos se pone en duda. Y sobre todo, es el siglo en el que se empieza a abonar el terreno para los reyes absolutistas que gobernarán en los siguientes dos siglos. Es por esto que hay en todos los países europeos una preocupación y un trabajo activo por minimizar el poder de la vieja nobleza feudalista y por reafirmar la soberanía del país por encima del poder de Roma. Así, a la Reforma, que en principio era un asunto que más tenía que ver con la práctica religiosa y con la desviación del alto clero de las normas más básicas de la Iglesia, se unieron poco a poco aristócratas y gobernantes. No sólo Enrique VIII, en Inglaterra, se desligó del poder papal e instauró su propia Iglesia, sino que nobles franceses como los de la Casa de Borbón y de Guisa en Francia se enfrentaron abiertamente por causa del protestantismo. Hasta el emperador Carlos I intentó llegar a acuerdos con los protestantes de los dominios españoles en el norte de Europa (Paz de Augsburgo, 1555).

En medio de este contexto, María de Guisa se ve obligada a abandonar a su hijo mayor Francisco en Francia tan sólo un año después de que su primer marido muriera, y a poner rumbo a Escocia. Este hecho nos da una idea de hasta qué punto con el matrimonio la mujer aporta al nuevo linaje, además de patrimonio, su capacidad reproductora. Los hijos que tuvo con Longueville no fueron suyos, sino de los Longueville, y el único que le quedaba se crió con ellos.

Ahora, María, debía de poner su capacidad reproductora al servicio de otro linaje. De hecho, no llegaría a su nuevo país como reina, pues aunque se casó por poderes en París en mayo de 1538, el rey Jacobo no la nombró Reina de Escocia hasta que, un año después de su matrimonio, María de Guisa se quedó embarazada. Los hijos fueron parte esencial del acuerdo.

María y Jacobo tuvieron tres hijos: dos varones, Jacobo y Roberto, que fallecieron antes de cumplir el año; y una mujer, María, la futura reina, que nació en diciembre de 1542.

María Estuardo

Los beneficios que este matrimonio trajo para la familia Valois (la del rey de Francia) y la familia Guisa no acabaron cuando María de Guisa contrajo matrimonio. En julio de 1548, en virtud del Tratado de Haddington [2], la reina de Escocia, ahora regente hasta que su hija tuviese edad de reinar, embarcaba a María Estuardo de tan sólo cinco años hacia Francia, donde sería educada por su abuela materna hasta su boda con el Delfín Francisco (nieto del Francisco que hizo posible la boda de María de Guisa). Con ese futuro matrimonio, la alianza entre Escocia y Francia quedaría profundamente sellada. Sin embargo, el destino es caprichoso y Francisco II de Francia murió unos meses después de subir al trono. María Estuardo, reina de los escoceses, volvió a su Escocia natal a iniciar el que sería uno de los reinados más azarosos de su época.

Bibliografía

[1] Anderson y Zinsser (2018), Historia de las mujeres, una historia propia, Barcelona, Crítica, p.308

[2] El Tratado de Haddington estipulaba que, en virtud de la ayuda francesa que Escocia había recibido durante el asedio de Haddington, María reina de Escocia, sería entregada en matrimonio al Delfín de Francia Francisco, hijo de Enrique II y Catalina de Médicis, y nieto de Francisco I.

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