Fanny Raoul: la primera feminista

Fanny Raoul: la primera feminista. Su obra ha sido recuperada recientemente por Geneviève Fraisse, es uno de esos ejemplos de mujer aniquilada de la historia del pensamiento . Y es de los que duelen porque no ha encontrado si quiera hueco en el canon feminista. 

Fanny Raoul
Fanny Raoul. Dedicatoria de
OPINION D’UNE FEMME SUR LES FEMMES

Fanny Raoul, cuyo nombre completo fue Marie-Françoise, nació en 1771 (aunque algunas fuentes sugieren como fecha de nacimiento 1779) y murió en 1833. Como ocurre con tantísimas otras no sabemos mucho de su vida, pero afortunadamente su obra ha prevalecido, y esto porque en su tiempo fue publicada y ampliamente leída. Nació en la ciudad bretona de Saint-Pol-de-Leon y ya de adulta se mudó a París, donde entró en contacto con intelectuales como Germaine de Staël, y frecuentó alguno de los salones que todavía seguían en pie tras la Revolución Francesa. 

Fue una prolífica escritora y ensayista, y está considerada una de las primeras feministas francesas. Yo diría simplemente que fue una de las primeras feministas. En 1801 escribió OPINION D’UNE FEMME SUR LAS FEMMES que constituye, de todos los textos escritos en aquella época en favor de las mujeres, uno de los primeros —si no el primero— auténticamente feminista. ¿Y esto por qué? 

Geneviève Fraisse, cuando reeditó la obra, apuntó al título como uno de los aspectos más revolucionarios de la obra y de Fanny Raoul como mujer. Hasta ese momento todos los textos escritos por mujeres y hombres en favor de la igualdad habían constituido respuestas a obras escritas por hombres desde la misoginia más feroz. Wollstonecraft respondió a Rousseau, por ejemplo; o Theodor von Hippel, que respondió a Kant. Pero no es el caso de Raoul. La escritora no se ha indignado por una obra precedente. Se sabe individuo de razón, y como tal tiene una opinión que no duda en expresar públicamente sin la necesidad de una provocación. Fraisse apunta con precisión que el mínimo (y uno de los más importantes) derecho que ha de asegurar una democracia es el derecho a la opinión. Fanny Raoul hace uso de él, situándose en una posición de enfrentamiento abierto con las nuevas leyes que se estaban debatiendo y que empezaban por negar a las mujeres la opinión, pues si has de pensar —opinar— lo que te dicte un hombre, ya no es opinión, es otra cosa. Además, no opina porque sí: es una mujer y opina de las mujeres. Vemos aquí el mismo argumento que utilizó Christine de Pizan en el siglo XV: su experiencia como mujer no se correspondía con lo que decían los hombres eruditos acerca de las mujeres, luego debía de haber un error en esos hombres pues ella era mujer y sabía que su experiencia como tal era cierta y verdadera. Hablaremos de esto en los talleres de lectura crítica. Puedes apuntarte aquí .

Más allá del título es interesante ofrecer unas pinceladas sobre la obra, que también nos habla de un feminismo, no sólo filosófico, si no también político que no se ve en muchas obras de esa época. El texto está dividido en tres partes: una dedicatoria a las mujeres, que es a las únicas a las que se dirige; una advertencia; y la “opinión”, que es el grueso de su argumentación. 

Es bastante evidente que Fanny Raoul conocía en profundidad los fundamentos cartesianos y, en particular, el uso que Poulain de la Barre, discípulo de Descartes, hizo de los mismos. Pone en evidencia que en ese siglo de las luces, en que todo se basa en la razón, el sometimiento de las mujeres a la autoridad de los hombres estaba fundamentado en prejuicios ancestrales. Para Raoul todo el pensamiento de los hombres que se dicen racionales queda anulado por esto mismo, pues con lo que se refiere a las mujeres caen en el primer error que tratan de solucionar con sus novedosas teorías filosóficas y científicas: no atienden a la evidencia y no cuentan con las principales implicadas; se limitan a seguir lo repetido durante siglos por hombres sin fundamento. Para la filosofía cartesiana, de la que sin duda bebe el feminismo, hay que combatir el prejuicio, pues a través de él jamás se llegará al conocimiento verdadero.

Para defender la igualdad entre mujeres y hombres Fanny Raoul utiliza un argumento muy interesante y que no estamos acostumbradas a leer. Muy al contrario que las pensadoras y pensadores anteriores (y también posteriores) la escritora recurre a la naturaleza como el principio igualador de mujeres y hombres; lo demás son inventos, son constructo, y como tal pueden y han de ser modificados. ¿Y a qué principio natural recurre?  Al de la reproducción de la especie, en la que  tanto la mujer como el hombre tienen un papel activo y fundamental: sin uno de ellos no hay concepción posible.

Se ocupa también —es un aspecto recurrente en los escritos femeninos pues afecta a las mujeres de forma particular— de la posición de las mujeres en la sociedad y dentro del matrimonio una vez que se casan. De nuevo, vemos aquí una argumentación novedosa: a la libertad que todas exigen para la mujer casada, Raoul añade el derecho a la existencia, utilizando los argumentos ilustrados y revolucionarios. Las mujeres son individuos racionales, exactamente igual que los hombres. Hay que volver aquí al derecho a la opinión, que sólo se tiene si se existe de forma individual (y el otro reconoce tu existencia), lo que concede autonomía.

He señalado aquí muy brevemente algunos de los puntos más interesantes de esta obra de Fanny Raoul. Su producción ensayística no se reduce a esta obra. Hay otras igualmente interesantes, en las que ella se llena de autoridad y se presenta a la sociedad como “una francesa”. Revolucionario igualmente, pues tal y como quedaban las leyes republicanas, lo que había en Francia eran franceses y mujeres de franceses, sin ningún estatuto de ciudadanía. Seguiré escribiendo sobre Fanny Raoul.

Puedes suscribirte a mi canal de Telegram. Os cuento cosas muy interesantes acerca de la historia de las mujeres. Te dejo enlace: https://t.me/ETELIAhistoria

IratiSantosU

Investigadora histórica independiente. Escritora. Alimento con pasión y mucho esfuerzo una pequeña biblioteca personal. Estudié comunicación y relaciones internacionales. Pero a mí lo que me interesa desde pequeña es la Historia. Durante los años de carrera descubrí la historia de la vida privada y la historia de las mujeres: no he parado de estudiarlas desde entonces.

Deja una respuesta