amor cortés feminismo
Pintura de Leighton (s.XIX), en la que se representa el momento en el que el rey Marc comienza a sospechar de la relación entre su sobrino Tristan e Isolda, su mujer

La mujer del amor cortés es y hace tan sólo aquello que va a añadir una dulce complicación al juego del amor… donde el único que juega, y esto hay que dejarlo claro, es el hombre.

Hace unas semanas, dentro del curso de HISTORIA DE LAS MUJERES, impartí unas sesiones acerca del amor cortés; haciendo énfasis, ante todo, en el problema que supone leer por ahí que este tipo de relatos empoderan a las mujeres que en ellos aparecen. Ni siquiera me atrevo a llamarlas protagonistas, pues son una especie de marioneta que se mueve al son de las necesidades del relato. La mujer del amor cortés es y hace tan sólo aquello que va a añadir una dulce complicación al juego del amor… donde el único que juega, y esto hay que dejarlo claro, es el hombre. La primera vez que leí sobre este despropósito fue en el prólogo de la edición de Flamenca  que manejo. La edición es reciente, y por eso me sorprendió que se afirmara que tal narración era feminista. No salía de mi asombro. Si algo no es Flamenca, ni ninguna otra historia de amor cortés, es feminista. NINGUN RELATO EN EL QUE LA MUJER SEA OBJETO PASIVO, valga la redundancia, ES FEMINISTA. 

Quien creo que mejor nos da una idea de qué era el amor cortés y qué implicaba tanto para los hombres como para las mujeres es el medievalista Georges Duby. Destaco dos de sus textos: el ensayo que firma dentro del segundo volumen de la historia de las mujeres que coordinó junto con Michelle Perrot, y El caballero, la mujer y el cura (ambos publicados por Taurus). Os resumo algunos puntos tal y como los expongo en mis clases: 

amor cortés
Pintura de Leighton (s.XIX) en la que se representa a Abelardo y Eloísa como maestro y alumna. Tanto en esta pintura como en la anterior se aprecia perfectamente la romantización que de estos relatos se proyecta en el siglo XIX.
  1. Lo de llamarle “amor cortés” fue un invento del siglo XIX. Duby nos dice que en la época se le llamaba “amor de caballero”. Mucho más acertado, como veremos ahora.
  2. De ejemplo nos sirven las historias de Tristán e Isolda, y la de Eloísa y Abelardo. La primera, ficción; la segunda, realidad. Ambas circularon como la pólvora a partir del s.XII. En este siglo se produce un auge y una difusión sin precedentes, gracias a los trovadores y las trovadoras, de las historias de amor cortés
  3. El amor cortés intenta reproducir las relaciones de desigualdad que se dan dentro de la sociedad feudal. Por necesidad del relato ella, que siempre es de mayor rango social que él, representa el poder del señor; él, un joven caballero, representa a la parte sometida. 
  4. Pero… tal y como nos dice Duby: a la mujer “sólo se le concede tanto poder para que lo agregara a las dificultades de asalto e hiciera más gloriosa la victoria. Pues no había ninguna duda acerca del resultado”.
  5. Esto nos lleva a un hecho irrefutable, y al que ya he apuntado: es un juego, y juega el hombre. ¿Qué tipo de hombre?, pues un caballero, esto es, un guerrero joven. Duby nos dice otra cosa interesantísima. La sociedad feudal es una sociedad eminentemente masculina, y con este juego lo único que se hace es reafirmar la posición del hombre en el mundo. Copio cita: “Entregándose a este amor cortés, esforzándose por tratar con más refinamiento a las mujeres, demostrando su habilidad para capturarlas, no por la fuerza, sino por las caricias verbales o manuales, el hombre de corte (…) quería poner de manifiesto que pertenecía al mundo de los privilegiados (…). La práctica del amor cortés fue ante todo, e insisto en este punto, un criterio de distinción en la sociedad masculina”.
  6. Como ejemplo, podemos atender a lo que el ilustre Abelardo dejó escrito. Se jactaba de haber atraído a Eloísa a su cama a través de las buenas palabras y de las caricias; pero no tiene ningún problema en reconocer que, al haberle sido Eloísa entregada por su tío, le había dado la potestad de cambiar las caricias por golpes si fuese necesario para enmendarla. Recordemos que Abelardo consigue convertirse en tutor de Eloísa y que, por definición, van a tener una relación desigual donde él tiene el poder y la erudición; y ella la sumisión más absoluta. 
  7. Entonces, las mujeres, en este tipo de historias, quedan definidas como OBJETOS a conquistar. Son el premio del JUEGO del amor cortés. Y sólo van a salir de su normativa pasividad por necesidad del mismo, por añadirle alguna complicación a la conquista del caballero. 
  8. Se trata de un entretenimiento cortesano, al alcance de unos pocos privilegiados. 
  9. Y hay que darlo claro: NO NOS MUESTRA LA REALIDAD DE LAS MUJERES, sino la imagen que los hombres proyectan de ellas.
  10. Finalizo precisamente con ello. Se nos presenta una interesante dicotomía: por un lado, la mujer de la historia es una mujer adúltera. El relato dice a los maridos que hay que vigilarla. El marido bobo está perfectamente encarnado por el rey Marc de Tristán e Isolda. Y además, como es una mujer casada, es una mujer prohibida, lo que la hace altamente deseable a los ojos del joven caballero.

En esta lógica discursiva no hay empoderamiento posible. Tan sólo sumisión.

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IratiSantosU

Investigadora histórica independiente. Escritora. Alimento con pasión y mucho esfuerzo una pequeña biblioteca personal.

Estudié comunicación y relaciones internacionales. Pero a mí lo que me interesa desde pequeña es la Historia. Durante los años de carrera descubrí la historia de la vida privada y la historia de las mujeres: no he parado de estudiarlas desde entonces.

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